Ordenar
Vista
http://losviajados.com/wp-content/uploads/2016/01/pino-salado-960x495_c.jpg

Los pinos salados: Memoria de una ruina triste


Nadie conoce realmente al pino salado; después de esos árboles que nosotros llamamos yucatecos (Ficus nítida o Laurel de Indias) el pino salado es uno de los árboles con mayor presencia en la ciudad de Mexicali. Sin embargo, esto de la presencia es algo dudoso. Aunque el pino salado es ubicuo, dicha ubicuidad es inusitada: aunque se encuentran por todas partes (camino a San Luis, R.C., camino al Valle de Mexicali, camino al aeropuerto, literalmente insertos en casas, en lotes baldíos en la zona centro de la ciudad), es como si no estuvieran. No tiene la majestuosidad del yucateco, ni la apariencia californiana de las palmeras; no decora los patios de las casas ni es mantenido por sus dueños, igualmente ausentes. En realidad, se trata de un árbol…feo.

Pinos Salados Mexicali

Fotografías de Amadís Lara

Pero no es una fealdad grotesca o morbosa; es una fealdad desapercibida, anónima. Lo feo como algo prescindible, anodino, más que como algo que exige la atención. La ubicuidad del pino salado se une al caso omiso al que lo sometemos cada vez que estamos frente a él. No sucede lo mismo con los robles, no sucede lo mismo con los eucaliptos, sucede todo el tiempo con los pinos salados.

Es un árbol cuya personalidad se confunde con el entorno; es silvestre, casi como si se tratara de hierba mala. Los sitios que lo acogen permiten que se desplaye sin fin, o simplemente lo queman o cortan abruptamente. A diferencia de los dos árboles mencionados, al pino salado no lo incluyen en ese tipo de proyectos de diseño decorativo de jardines que tan comúnmente vemos en los escaparates comerciales de la ciudad, así como en los nuevos complejos residenciales que asestan los linderos de Mexicali y su Valle.

Es un árbol que simplemente está ahí. ¿Y dónde está?

Curiosamente, lo encontramos con mayor frecuencia en los lugares aun no urbanizados de la ciudad, en las orillas de los ríos, cercanos al agua; sin embargo, en la zona urbana, se encuentra alojado en tres sitios específicos: en los lotes abandonados de las distintas zonas residenciales de los primeros cuadros de la ciudad y en la zona centro, en los predios de comercios no formales (talleres mecánicos, llanteras, etc.) y en las casas que forman parte del escaparate visual de la zona denominada como Río Nuevo.  Muchas casas de familias con escasos recursos tienen un pino salado.  Es el hogar para muchos indigentes, el resguardo de todo aquello que se abandona: personas, muebles, mascotas callejeras.

 

Son pocas las veces que estos árboles son cortados, confeccionados, “conducidos” por la tijera y el machete de los jardineros, para armonizar su crecimiento. Estos son árboles cuyo desenvolvimiento y expansión es lo más natural posible. En cierta medida, su forma, aludiendo a Deleuze y Guattari, traza un desplazamiento “rizomático”: sus ramas asumen caminos y se apropian del territorio de manera irregular. Muchas veces, no sabes dónde comienza y dónde termina un pino salado. Hay algunos que se expanden hacia los lados como si fueran un enorme arbusto; otros se permiten crecer hacia arriba pero de todas formas se desparraman o escalan sin rumbo fijo; hay pinos cuyos troncos se despliegan en los lotes baldíos con sus raíces protuberantes. Sus raíces se entrelazan con pliegues y pliegues de basura, como si fueran parte de lo mismo.

Otros, se suspenden de las orillas de las casas que se encuentran en las faldas del llamado Río Nuevo, como si fueran símbolos de una suerte de resistencia social y política. Son acompañados por estructuras de neumáticos reciclados que sirven de soporte para dichas casas, algunas de éstas las encontramos entremezcladas con los troncos de estos árboles.  Ésta zona en particular, este escenario de resistencia natural y urbana, está a punto de desaparecer.

pino salado mexicali

El pino salado es de un verde grisáceo, opaco; acumula el polvo de la ciudad y del desierto, lo que le da una apariencia poco presentable; no es reluciente como otra vegetación; su hoja es seca y –obviamente—salada, y al parecer se alimentan de la poca agua que recogen de las precipitaciones, o de las afluentes subterráneas de los ríos en la zona, ya que pocos son mantenidos por quienes los resguardan en sus aposentos. Nadie riega estos árboles.

La presencia del pino salado en el imaginario mexicalense es ineludible; sin embargo, dicha condición no necesariamente los hace visibles. Esta es una metáfora atinadísima de la dinámica sociocultural de mi entorno: Mexicali es, en cierta medida, un lugar y una cultura que pasa desapercibida en el imaginario postmoderno, una ciudad de planicies y horizontes cuya belleza reside, exclusivamente, en la mirada imaginativa del espectador.

 

* * *

 

Lo cierto es que no sé cuándo comenzó esta relación amorosa con el pino salado, o, mejor dicho, qué elementos de indagación científica son los que me impulsaron a conocer aquello que veo en las calles, lotes baldíos, orillas de la carretera, un ser impávido, absorto, mal querido.

Reconozco que no soy impulsado por una indagación científica que me pudiera arrojar datos sólidos, comprobables y evidenciales de 1. Lo que es un pino salado; 2. Sus orígenes, su nombre botánico, sus características generales; 3. Su trayectoria histórica y su posible devenir como parte del ecosistema de una región. Los considero conocimientos ya establecidos, y creo que busco la inestabilidad, la turbación y el replanteamiento del conocimiento que tenemos sobre estos árboles en Mexicali. Lo que busco, por lo tanto, es la producción de una creencia: convertir al pino salado en el protagonista principal de la estética de Mexicali, ficcionalizándolo, a éste y a su vida, a la relación que actualmente tiene en el entorno, porque considero (y quizá sea muy ingenuo en esto, pero creo que los procesos creativos no pueden desligarse de esa fase inicial de asombro puro de donde se desprenden las ideas) que el conocimiento que genera es estático, no conduce a la acción, tiene un carácter enciclopédico y concluyente que no me permite, y por lo tanto creo que tampoco le permitiría a un espectador, repensar al objeto.

Por lo tanto, me pregunto: ¿puede la ficción producir una creencia, un mito, o por lo menos un apaciguamiento de la duda, en este caso, con respecto a la (posible) relación que tienen los espectadores de mi localidad con los pinos salados?, ¿podría producirse un hábito en torno a estos árboles, que emane de la re-presentación que haré de los mismos? Esta es una de las segundas articulaciones de esta aventura, la de pensar cómo, en el terreno de la ficción, pudiera producirse una creencia. Sé que se puede, de hecho, considero que la ficción en ocasiones opera con mayor sensibilidad en la producción de creencias y hábitos (pienso de nuevo en mi abuela, pienso inmediatamente en los relatos que van construyendo nuestro imaginario de terrores y temores desde la infancia), pero necesito averiguar cómo hacerlo con un protagonista tan difícil de asir, como lo es el pino salado. Digamos, en cierta forma, que este árbol es para mí lo que para los novelistas de principios del siglo xx fue el common man: Bartleby, Leopoldo Bloom, Ulrich, quizá incluso los pobres diablos que Kafka convirtió en cucarachas con destinos grises.

Es por ello que considero importante revelar a los pinos salados como personajes, caracterizándolos, dotándolos de una determinada personalidad, una animación, quizás, que devuelva al espectador a su aspecto turbador. Porque son turbadores, son elementalmente anárquicos y se mantienen, de pie, con la dignidad del guerrero derrotado.

 

Fragmento del libro:

Los pinos salados: Memoria de una ruina triste

Alejandro Espinoza

(ed. Pinosalados, 2016) …..E S P É R E N L O

http://losviajados.com/wp-content/uploads/2016/01/chango-chilango-960x639_c.jpg

6 Murales ocultos en el Centro de la CDMX


Conoce algunos de los murales ocultos en la zona Centro de la Ciudad de México. Uno necesita andar atento para encontrarlos; no hacer caso a payasos carrilleros, vendedores de colesterol, profetas del apocalipsis, vagabundos alivianados y músicos frustrados. Las obras te miran, esperan pacientes en los muros del Centro de la gran Tenochtitlán.

http://losviajados.com/wp-content/uploads/2016/01/santa-sangre-960x720_c.jpg

Le Goremet: Gastronomía para estómagos fuertes


Después de los casos de caníbales como Armin Meiwes, el cual buscó deleitarse con su amante en una carnicería humana consensuada (cuentan que la cinta del acto es el Santo Grial del fetish y el gore) y del escandaloso caso de pretensiones antropofágicas de Gilberto Valle, el Girlmeat Hunter, uno se pregunta qué fascinación tenemos por la sangre y carne humana, al grado de avalar tendencias como el comer la placenta recién bienvenido el infante al mundo y la creación (y desaparición por causas misteriosas) del Human Tofu, o hufu.

platillos-sangre-gastronomia

Debido a la dificultad de conseguir restos humanos en estado adecuado para su consumo, haremos un decálogo con uno de los fluidos mas mitificados del mundo: la sangre. Retomando la humana, se le han atribuido poderes sobrenaturales, tales como subyugar a un hombre a través de alimentarlo con hogazas de pan amasadas con sangre menstrual, o rituales vudú que hacen caer en el infierno de la lujuria a cualquier mortal, tal como le paso a Gauguin, quien de no ser por la buena voluntad de una bruja, hubiera devorado una dulce guayaba impregnada de la humedad sanguínea de una mulata.

Junto al agua y el fuego es el elemento más usado en la magia, por la creencia de ser recipiente de la esencia del alma humana en su composición, que no sabemos de cierta, pero si conocemos de su importancia a la hora de hacer compromisos, como el ritual gitano de bodas, en el cual los cónyuges se hacían cortes en forma de cruz en sus muñecas y las unían para establecer su matrimonio. Las firmas con sangre de las venganzas, pactos de honor, guerras y otros trámites siguen siendo más poderosas que su huella en tinta.

paqui-etiopia-sangre

En la historia de la gastronomía, que en gran parte es historia de la pobreza, el recurso limitado del alimento orilló a los cocineros a utilizar todas y cada una de las partes del animal. En México preparamos la moronga, en la cual un vaquero corta el cuello de una res, tras lo cual pega sus labios a la yugular todavía palpitante, y entre los estertores del animal, degusta si la sangre es de buena calidad, para después dejarla caer caliente en cubetas, dejando a temerarias cocineras la tarea de inhalar el vapor sanguíneo mientras la fríen con cebolla y especias.

Se utiliza como espesante en diversos guisos, principalmente carnes de caza, como el conejo o el venado, dándoles ese particular bouquet metálico tan apreciado en la cocina europea, especialmente la británica.

black puddin

Tenemos el boudin noir en la cocina belga, francesa y en su variante americana dentro de la cocina cajún, la black pudding del english breakfast, la blutwurtz alemana y la morcilla de Burgos altamente promovida por toda España. En Hungría se desayuna sangre cocida, si el animal se sacrificó esa mañana. En Asia, además del tofu de sangre, se considera la sangre de algunas serpientes como afrodisíaca, sirviéndose en un shot con aguardiente de arroz. Si se desea algo verdaderamente potente para situaciones desesperadas, se puede incluir el corazón del reptil, debiéndose consumir de un solo golpe mientras continúa latiendo. Y no fueron los belgas sino los italianos, quienes osaron inventar el sanguinaccio dolce, chocolate con sangre, que ha de provocar temblor entre los muslos en las mujeres indiferentes.

plato de sangre

De su variante horneada encontramos los pasteles de sangre escandinavos, elaborados con cebada y cerveza, deliciosos servidos con arándanos ácidos, o los pancakes de sangre finlandeses, que se acompañan gustosos con un buen trozo de charcutería de reno.

Su uso más perturbador quizá sea como aliño en tiempos de escasez de sal, agregándose a cualquier platillo que amerite el sazonador. La sal de la vida, literalmente.

No necesitamos explorar nuestras tendencias vampíricas para disfrutar de la sangre, reconocida como el vehículo de las pasiones, podemos sentir esa misma esencia en el sudor de las manos, que calentadas desde las venas y el palmoteo, preparan tortillas de maíz en un modesto comal, en el masajear de la carne del pavo en Navidad, o en el sonrojo en los labios y mejillas de quien prepara un platillo para su amante, con intenciones de canibalismo sexual.

Por: Penélope Rascón

Menú