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Sobras Completas: escritos de carne y hueso


Sobre la mesa se encuentra la reseña al libro recién horneado “Sobras Completas, escritos de carne y hueso” de Antonio Calera-Grobet. Un fuerte banquete  de carnes rojas para pensar profundo y digerir a gusto sobre la comida; su acto divino, la poesía que lo envuelve en la gama de sabores, y la insurgencia por defender las tradiciones que nos permitan mantener la gracia y el placer de una glotona comunión entre amigos.

Acto Uno: Comer es un acto divino, de dioses mundanos insaciables, un acto que restituye, que nos acerca al infinito. Comer es un acto de comunión, un acto que nos acerca, a punto de colisión. Capítulo donde el único Judas es la indigestión, y por ende el pecador está en uno. Sentados todos, y los que no, parados que también son invitados.

Acto Dos: Antonio Calera-Grobet está a la cabeza de la mesa. Todos somos sus invitados. Los meseros se levantan y sirven los platillos para enseguida sentarse a nuestro lado. Cocineros, artistas, mendigos. Bohemios, pipirisnaice, y godinez. Todos sufrimos hambre y por ello: éstas son sus reglas, todos comen. Entre carnes magras y rojas, tallarines despeinados, barriles de ale y litros de vino, comienza la tertulia del comer. Durante la cena, cada platillo es el puente a un recuerdo, una anécdota. Cada invitado está obligado a levantarse y recontar su experiencia. Algunos lloran por los frijoles con harta manteca que le recuerdan a la abuela, libre en el cielo. Otros declaman con el aroma del vino a viejos amores en callejones bohemios de una ciudad perdida.

Acto Tres: Ese gordo barbón toma la palabra y recita su libro, con el correcto espaciado marcado por las comas, una clara orden para no dejar de comer. Su texto, ese que tiene grabado en los sesos que muchos disfrutan en tacos y con salsa picante, nos recuerda la importancia de comer, eso que hacemos ahora. Y es que parece que nos olvidamos de mimarnos, como bien lo pronuncia en algún capítulo.

Malditas prisas, malditas.

Sus palabras son una sopa de letras caliente. En nuestra cara, el caldo esconde un mensaje encubierto, un laberinto de carne y hueso esperando ser descifrado. Nos pregunta si estamos juntos por la comida, o somos el parco objeto del platillo, apenas su confitería. Su crítica duele aunque rime. Tanta importancia tirada por el fregadero. Carajo. Si en cada momento que comemos nos encontramos todos, es el único momento para ponernos al día, para el chisme, para mirarnos a los ojos y saber que con el suspiro de placer decimos, existo.

Que gran momento escuchar al Calera-Grobet. Pues aunque todo sea inspiración literaria, ensayo de alta cocina, yo me siento como el comensal de esa mesa de manteles largos donde él habla y habla y habla sobre ese diminuto acto de engullir que significa tanto, significa todo.

Sobras Completas honra a los ingredientes que tomó la abuela, al cocinero anónimo que es el platillo mismo de los enamorados, a las patas de mesa que guarda, cual cicatriz, un centenar de historias y chismes. Él es la cuchara que nos besa, el tenedor que sujeta el alma, él se postra frente al abismo del olvido, pues los platillos aún fluyen y la plática puede ir para largo, donde todos nos podemos conocer por un mínimo instante, donde los sentidos y el alma sabrosean el divino valor de la vida.

 

Obra: Sobras Completas: escritos de carne y hueso

Autor: Antonio Calera-Grobet

Editorial: UABC/Bonobos

Viko Lukániko

Viko es norteño. Ama la cerveza altamente lupulosa y la vida al máximo. En la mañana gusta de bailar hasta saciarse, siempre acompañado de una buena taza de café.

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